jueves, 26 de abril de 2012

Tiempo muerto



Reconozco que donde veo una balaustrada imagino un palacio. Es un engaño, pero me hace pensar en el valor de los elementos de la arquitectura, decorativos o prácticos. El edificio es común, de vecindad, centenario probablemente. Un fósil. Abandono. Veo más vida en los ventanales que dan al interior, al patio, que en la fachada. La memoria de una casa semejante me trae veloz la casa de infancia. Los tendederos de la ropa, las ventanas donde las vecinas platicaban, el botijo colgado al relente en los duros meses de verano. Abajo el patio, el pozo, las puertas secretas, los juegos. Este edificio cerrado mantiene además dos elementos extras: la balaustrada aparente y el árbol cuya mera imagen alivia el ladrillo o el cemento. Todo tan testimonial como sentenciado.   



10 comentarios:

  1. sentenciado, así está el pobre árbol, buceando el aire para asomarse y pedirnos socorro
    ..
    pero en la vieja construcción murió la palabra, la risa, el ruido y nació el más incoloro silencio (el eco de la voz de los árboles)
    ..
    brillante amigo, esta estaba difícil, igualmente fuiste creativo
    saludos desde Uruguay

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  2. Nos has regalado una imagen y una historia :-)
    Saludos.

    Antón.

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  3. Omar, pero es que andar por la calle, visitar barrios de infancia, encontrarse uno todavía con huellas que permanecen...sigue siendo para mí muy sugerente y bastante entrañable. Además, aunque hay edificaciones nuevas por todas partes, no obstante la morfología de las calles se han mantenido en gran parte del centro de una ciudad. Si a eso le añado mis memorias particulares...no me cuesta hacer el homenaje a lo aparentemente insignificante (que para mí no lo es)

    Un abrazo, Oriental.

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  4. Antón, gracias. ¿Sabes? No entiendo una imagen sin una historia, la propia o la inventada. Aquí juego con la ventaja de un espacio que conozco.

    Bien por pasarte.

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  5. No existen: me quitas un peso de encima. Pensaba que el grave era yo, jaj. El valor de los objetos que se nos plantan delante reside precisamente en eso, en que sintonicemos, nos hablen, nos comuniquemos con ellos, nos sugieran, y no solamente recuerdos. Una ciudad es un magma muy hermoso, y más si es histórica.

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  6. Sí que es un palacio, precisamente por ese valor que los elementos arquitectónicos le dan al espacio, como tú mismo dices.No es una baranda sin más: una balaustrada encierra el espacio que alberga muchos sueños. ¿No es un palacio, la casa de la infancia?

    Felicidades por el blog.

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  7. Enric, bueno de alguna manera la casa de la niñez era un palacio, pero según qué casa haya tenido cada cual, naturalmente. La mía era humilde, pero tenía patio y pozo. Los murciélagos revoloteaban en la nocturnidad y el agua estaba fresquita en la galería, puesta en trapos mojados al relente, porque no había frigo. No faltaba comida, porque la existente estaba bien administrada, y se dormía plácidamente. Eso era un palacio, obviamente, aunque algunos vecinos le pideran a mi madre algunos alimentos porque no llegaban a fin de mes.

    Sí, en un edificio más o menos sencillo parece mentira el aire que le puede dar una balaustrada y unos arbolitos. Claro que algunos nuevos ricos ponen hoy en sus mansiones aparentes cada balaustrada prefabricada que asusta.

    Bienvenido.

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  8. Además de la imagen real, me refería también a la idea de la infancia como paraíso perdido, pero recuperado a través de la memoria, en que todo espacio se convierte en palacio, no sólo la casa familiar, también el descampado, la casa abandonada, la fábrica en ruinas...

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  9. Claro, Enric. Mira, más que palacio yo tengo mi idea personal de paraíso, sobre todo porque los meses de verano los pasaba en una ciudad del Norte que en aquel tiempo aún no había sido urbanizada a lo salvaje, y aquello era campo campo campo. Pero llevas razón, y perdona no haberte respondido antes, pero uno se encuentra ya en un ciclo de vida que va sumando despistes poco a poco. Pero sí, todo nos parecía grande, más o menos suntuario, ya fuera de la familia o de otros, y sobre elementos mínimos construíamos los nuestros imaginarios.

    Gracias por puntualizar.

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